27/7/11

Buscando a la mamá de Chupi IV

IV
     Mientras los sapos marranosos que disparan rayos laser líquidos perseguían a nuestros empavados amigos, a Cachapatrónica se le ocurrió la mejor idea que ha tenido en su lésbica existencia.

-tengo un plan amigos, venid por aquí. Bajemos a la otra cuadra y llegaremos a salvo al bar La Barata. Venid.

     Nuestros tres amigos, hombres todos, esquivaban los rayos laser líquidos que disparaban los sapos marranosos que disparan rayos laser líquidos mientras corrían cuadra abajo; al llegar tomaron rumbo al centro comercial El Perreo. Dos cuadras antes de llegar ahí encontraron por fin el antro, perdón, el bar La Barata. Pero antes, el destino tenía preparada otra jugada aún mucho peor que las anteriores. Sin darse cuenta, cuando entraron en la esquina del bar, encontraron la calle llena de gente. Hombres besándose con hombres, y mujer con mujer, y mujer con hombre, y hombre con mujer, y lo mismo en el sentido contrario. En medio de la aglomeración de gente, la tragedia se abría  paso por entre las plumas: Yonaibel había sido pisado por unos tacones fucsias de un hombre con peluca morada.

-mi amigo está muerto Cachi, mi amigo está muerto. NOOOOO!!!!!
-¿y porque vos me decís Cachi?
-porque Cachapatrónica es muy largo. Te digo Cachi por cariño.
-¡ah! Ok…  Pero sigamos, los sapos marranosos que disparan rayos laser líquidos deben estar cerca y no pueden encontrarnos.
-pero, mi amigo, qué pasará con mi amigo Yonaibel.
-ya es tarde chicuelo. Dejadlo ahí, pisado en medio de las plumas. Algún día moriría igual o en manos de un niño que seguramente hubiese jorungado su nariz y lo hubiese digerido. Ya no hay forma de remediar el destino.
-está bien, sigamos Cachi. Ya estamos cerca del bar La Barata y al fin podre encontrar a mi madrecita.

     Atravesando la marea de gente, de pasivas y demás; Chupi y Cachapatrónica al fin llegan a la puerta del bar La Barata. Al intentar entrar, el vigilante les pide la cedula. Cachapatrónica hace uso de su influencia y pasan. Adentro, el mundo parecía de colores. 

Buscando a la mamá de Chupi V

     V

     La música a todo volumen aturdía los delicados y plásticos tímpanos de Chupi. Mientras, Cachapatrónica movía sus masculinas influencias para llevar al chico a los camerinos. En donde se encuentra su madre.

-esperadme aquí chicuelo, yo sé cómo llevarte a ver tu madre.
-¿y qué harás Cachi?
-¿queréis ver lo que Cachapatrónica hace por la justicia? Esperad aquí y observad. Aquel vigilante es la clave para dejarte pasar.
-pero no te dejara pasar tan fácilmente, ¿o sí?
-no, para eso haré uso de mis múltiples personalidades masculinas.

     De color moreno, alto y con cara de Pitbull mezclado con pastor alemán, el vigilante kleiderson no permitía la entrada de nadie ajeno a los camerinos. Era la zona más protegida del lugar y donde se encontraban todos los artistas fabulosos y divinos que aquel antro, perdón, bar; ofrecía cada noche. Y Cachapatrónica lo sabía perfectamente.

-háblame Kleider, ¿que lo que?
-Cachatron, ¿tú por aquí?
-verga güevon, te he dicho mil veces que es Cachapatrónica, ¿o no te arranca el CPU para procesarlo?
-ya pues mami, no te montes la peluca. ¿Qué cachapita te trae por aquí?
- necesito una segunda tuya marico. Vine con un pana y vamos pal camerino porque se lo voy a presentar a la Poderosa para que lo contrate. Yo sé cómo se pone él cuando ve a alguien nuevo, pero tengo todo listo.  ¿Plomo?
-dale pues, pero arranca rápido antes de que me vean y me llamen la atención. Mueve esas plumas lésbicas que llevan encima y entren rápido.

     Cachapatrónica le indicó a Chupi que pasara. En ese momento nuestro amigo sintió como cada célula plástica de su empaque se estremecía de nervios. Ya estaba cerca el momento de la verdad.  Chupi pasó junto a Kleiderson con cara de patico regañado, pero no se dejó intimidar por su cara de Pitbull con Pastor Alemán, y sigo su paso. Rumbo a los camerinos, donde se encontraba su madre.

     La entrada era un poco colorida. Había afiches de cantantes como  Mandona, Floria Grevi y Lady Caca. Cachapatrónica recordó los días cuando su amada Lesbigirl la hacía entrar para tener sus famosos encuentros  lésbicos que media Banana Grande sabia. Chupi estaba nervioso y no podía imaginar, pensar, soñar, idealizar, elucubrar, recrear, materializar y todo lo que termine en Ar, como sería su madre.

-aquí es chicuelo, entrad y encontraos con el destino. Ese es el pasillo de camerinos.
-Gracias Cachi, sin ti no hubiese sido posible todo esto. Ojala mi amigo Yonaibel estuviera aquí.
- os aseguro que él se hubiese sentido orgulloso de vuestro logro.

      Y así, nuestros inseparables amigos entraron al pasillo de camerinos. Los dos estaban entusiasmados. Más Chupi porque al fin vera a su madre porque esta historia esta como larga ya.

-vaya, vaya. Miren a quien temeos por estos lados de la laguna. Nada más y nada menos que a Cachapatrónica.- había pronunciado un hombre mayor con aspecto de mujer que llevaba un tutu puesto; en tacones y peluca blanca: Era La Poderosa, el dueño del bar.
-Poderosa, tiempos sin verte mami.-  le replicó Cachapatrónica. – estamos buscando a la protagonista de tu show de esta noche.
-¿a Agripina? Y que se te ofrece con ella si se puede saber.
-es que su hijo vino a buscarla.
-¿su hijo?  Esa marica nunca me dijo que tenía hijos.
-bueno pero lo tiene. ¿Lo dejaras pasar?
- si bueno, pasa. El está en el camerino 7.
- ¿él? – preguntó Chupi con la misma cara de pendejo que debes tener en este momento por haber leído eso. Pero si, Chupi está a punto de descubrir que su verdadera madre es en realidad su padre. Ya Chupi estaba a punto de entrar, cuando de repente escuchó una voz de hombre que le estremeció hasta la última célula plástica de su envoltorio. 

Buscando a la mamá de Chupi VI

VI

-¡marica, pero quien hace tanto escándalo! 

     Dijo un hombre alto, como de cincuenta y tantos años al salir del camerino 7. Al fin, después de tantas luchas agotadoras, horas de calor en el metro, persecuciones en Banana Grande y demás acontecimientos dignos de una novela como esta,  Estaba Chupi en frente de su madre… o padre, o lo que sea que fuese ese ser.

-disculpe, ¿es usted Agripina?- Preguntó Chupi.
-sí, soy yo. ¿Por qué? ¿Te debo algo?
-es que yo soy Chupi, tu hijo. ¿Recuerdas? Pero estoy buscando a mi madre, y tú eres un hombre. No entiendo nada de lo que está pasando.

     Aquel llanto infantil y pasivo de Chupi, hicieron recordarle a aquel hombre que su hijo, su más deliciosa creación, estaba al fin frente a él… o ella.

-Chupi, hijo. Eres tú. ¡Dios mío! Ni siquiera una noche fructífera en el prostíbulo se compara con al felicidad que tengo en este momento. Ven a mis brazos Chupi, ven a mis brazos.
-Madreeee.
-Hijoooo.
-pero ya va madre, explícame eso de que eres hombre. Y por qué me dejaste abandonado en aquella acera.
-ay mijo ¿nunca has visto un transfor?  Y bueno, la historia del por qué te deje allá es un poco larga. Pero tienes q saberla.
 -Ven hijo, sentémonos en este sofá con colchones rosados y lentejuelas para que escuches la terrible historia de tu madre.

      Hace varios días me habían dado la noticia que estaba despedido de mi antiguo trabajo. Y debido a la situación jodida del país no podía quedarme tranquilo. Esperando que viniera cualquier hombre a mantenerme. Por eso decidí buscar trabajo en una famosa empresa de chupi chupis llamada Don Ais. Ahí me trataron muy bien y todo… hasta que se enteraron que yo era de la laguna. Me despidieron cuando encontraron mis neceser secreto y se dieron cuenta que trabajaba también para La Barata. Prometí vengarme de ellos y robarle la fórmula secreta de su exitoso Chupi chupi. A la noche siguiente me disfracé de Agripina, entré y robé la fórmula. Cuando llegue a mi rancho preparé todo para hacer la mezcla, pero la caja donde venia el polvo estaba en colombiano y no entendía. Sin contar que la licuadora la compre donde los chinos, y como el manual estaba en mandarín, no aprendí a usarla.   Lo cierto es que esa noche fue larga y tediosa. Pero al fin, a las seis de la mañana había creado mi primer chupi chupi, el primer paso para crear mi franquicia multinacional de Chupi Chupis 100% criollitos. Fue en ese momento donde agarre la primera bolsa de plástico resistente que tenía a la mano, le eché pega desquiciada y cuando la llené de Colita la metí al congelador, recuerdo que antes de meterte habías abierto tus ojitos y me regalaste la mirada dulce de un bebe Chupi adorable. Prometí que a ti nunca te vendería ni te regalaría pues eras el primer hijo que sentía como mío. Así fue como naciste Chupi, y ahora que lo sabes, ya puedes quedarte aquí conmigo.

-pero madre, o padre, o lo que seas. ¿Cómo es que termine en esa acera, solo y sin memoria?
- ¡ah! Bueno, eso fue porque ayer en la noche me fui a trabajar para la avenida Doralt. Estaba con un cliente y como no me pagó me arreché y me vine de esa mierda, decidí irme a la avenida La Cuna pero me fue igual. Y te tenía en la cartera. Te estaba llevando a una empresa para ver si me apoyaban pero, qué va, me mandaron a hacer algo que no puedo decirte porque estas chiquito. Y bueno, era media noche, andaba sin rial, recién cogida y arrecha. Por eso agarré, te destapé y me bebí la colita. Después te dejé ahí tirado. Pensé  que estabas muerto así que no me preocupe en volver por ti.
-que cruel eres al decirme eso, no te importan mis sentimientos… mi amor por ti que me alimento cada célula de mi bolsita para venir a buscarte. No es justo madre, no es justo.
-bueno ya, deja la mariquera. No te montes la peluca que ya estás aquí. Además, estas vivo y eso es lo que me alegra. Que al fin podremos estar juntos. Hijo, ¿quieres quedarte a vivir aquí conmigo?
-claro madrecita, deseo estar contigo. O ¿tú crees que me cale ese verguero de vainas de gratis?
-bueno hijo, entonces no se diga mas. Cámbiate y arréglate para que veas a tu madre en acción.

      Y así pues, esta conmovedora historia del chupi huérfano llega a su fin.  y todos vivieron maricos, perdón, felices para siempre.

FIN

En Blanco

     Todo esto es porque cuando me siento se me va el alma, se me apaga el corazón y no salen las palabras; mejor dicho, no se transforman en letras.  Están cansadas, supongo. Y no se trata de cansancio físico, se trata del emocional; de ese que le da a la gente cuando lleva veinte años al lado del peor hombre del mundo pero sin embargo lo da todo por amarlo. Por eso, a veces, opto por huir de la escritura. No por cobarde, sino por misericordia. No voy a exigirme el sentarme a escribir cuando siento que ya nada tiene sentido, cuando siento que cada vez se me muere más rápido el tiempo.  Antes me llenaba de cosas que me dejaba la gente, me entregaba a esos amores fugaces que te ilusionan al primer día. Ya no. Desde que decidí amar a mi soledad y vaciar todo lo que he arrastrado me siento indefenso delante de una hoja en blanco. Supongo que antes todo lo que escribía era ajeno, era de ellos y ellas, de esos a quienes les devolví el golpe con mis palabras, o que les llore en dos cuartillas y media. Supongo que antes no escribía cosas mías sino todo lo que me robe de los demás por capricho, por sentirme nadie. Ahora que me libré de eso, me llené de soledad, de paz y de mi mismo; todo parece irse a la mismísima mierda de nuevo. Ahora que siento que no tengo porquerías en el alma, me doy cuenta que no estoy lleno de nada. Solo de malos recuerdos, de citarices estúpidas, de promesas absurdas que una vez creí. Ahora entiendo la clase de basura en que me había convertido. Aun sigo perdiéndome en el blanco.

Frase

"El arte no es un espejo para reflejar la realidad, sino un martillo para darle forma." 

                                                                        Bertolt Brench

El Detalle

El detalle está en que no me llené de rabia, me llené de maldad, que es mucho peor.

20/7/11

Phrases

Los besos que te dan los chicos malos salen más caros cuando te los regalan y huelen a fracaso.

"Anonimo" (Que yo sepa)

29/6/11

Cosas que nunca cambian


     Helena siempre le pide a sus conocidos que le digan Eneri  por un personaje de una tira cómica de su infancia. Siempre se tarda unos diez o quince minutos vistiéndose y otros diez viéndose en el espejo; se detalla minuciosamente para certificar que su imagen esta impecable. Sale de la casa, deja que el aire le alborote un poco el cabello y camina. Era, como mucho, las cinco y media. Había llegado cinco minutos antes de la hora especificada a la cita. Le gustaba esperar que hacer esperar.  Esta era su tercera cita en el mes, y su vigésima en lo que va de año. Nunca fue buena para callarse la boca pero esta vez está decidida a controlarse. A no cagarla más de lo que lo hace habitualmente.

     La victima llega puntualmente, “al menos es responsable”, piensa ella. Se sienta, él se presenta, ella también, y lo primero que le ve son las tetas, y ella lo nota.  Ya no se sentía cómoda. Los primeros cinco minutos transcurrieron con normalidad, casi aburridos. Helena procura hablar poco, por aquello de controlarse la habladera de paja sin límites que tantos fracasos le ha traído en las citas amorosas. Él le confiesa que la “mujer de su vida” debe ser emprendedora y tierna, luchadora y comprensiva. Ella le dice que el “hombre de su vida” debe ser fuerte, apuesto, que no tenga límites en cuanto a sus metas; le dice. El iba a agregar algo a la charla, pero Eneri no lo dejó terminar agregando: “es que los hombres no me son sinceros nunca, siempre soy yo la que descubre sus mentiras”.

     Siempre era lo mismo, que eran unos mentirosos, cobardes, mala cama y machistas. Solo buscan cogerme como un animal y ya, decía. El repertorio continuó con frases como: Todos hacen lo mismo, al principio son unos príncipes, cuando uno se la da, o legaliza la vaina del empate, se convierten en unos sapos que después uno queda preguntándose como carajo tuvimos las bolas de besar. Alguien debería decirle a Disney que el encanto de príncipe dura tres meses, o el tiempo que les dure el embobamiento hacia la mujer. Parecen que nunca hubiesen visto una mujer porque hacen todo lo que uno les diga. Los hombres deberían venir con un titulo de actuación de nacimiento ya incluido para evitarnos la hipocresía de fingir que ustedes son príncipes y toda la paja loca que siempre inventan. Es que nadie me mandó a estar detrás de puros idiotas que solo querían meter su pene en mi vagina... oye pero ¿A dónde vas? No te vayas… espera. Ok está bien, lo siento, hablo mucho, lo sé, pero son cosas que puedo superar. Tú no tienes la culpa de lo que hayan hecho mis padres, pero espérate, no te vayas cónchale. Ok sí, soy una idiota más del mundo feminista. Soy de las que pienso que sin ustedes la especia sería mejor, ¡ja! ¿Qué estúpida soy verdad? Aunque pensándolo bien, puedes irte. No me interesa ya salir contigo. Al final eres como todos los hombres.

     El sol sale otra vez, por donde mismo. Filtrándose por la persiana gris plata que cuelga a mitad de ventana y que deja traspasar los primeros rayos del alba. Helena se levanta, se baña, se viste y se va  su trabajo. Allí tiene un espejo en su oficina. Dura horas viéndose en el espejo. Cuando ya es la hora de marcharse, se dedica unos diez o quince minutos en retocarse. Frente al espejo la tristeza se le cuaja como un veneno espeso y amargo. Se repite que ya eso pasará, que solo es una etapa. Sale de su oficina, se tarda media hora en llegar al auto porque siempre se queda hablando con alguien; se monta en su auto y se dirige al centro comercial de la cuadra. Lo estaciona, se va a Miga`s y se sienta a esperar a su próximo pretendiente. Lo único que no acaba, aparte de su patética rutina, es su patético rosario de no volver a meter la pata. 

Astralmente cabrona



     Laura iba derechito a la oficina de Eduardo cuando se le atravesó la susodicha,  la mirada de arrechera fue, naturalmente, incontenible. Hace unos meses empezó a sospechar que Eduardo y la rubia ridícula de la secretaria tenían algo, su gato encerrado pues. Pero Laura, apelando al raciocinio, no se dejó llevar por cosas banales y al final terminó por no pararle mucho al asunto. Un día la cosa fue a mayores, vio con sus propios ojos las pruebas irrefutables del delito: Eduardo se despedía de la raquítica insípida con un apasionado beso. “Ni a mí me besa tan bien el maricón ese” pensó en aquel momento. Desde ese día Laurita se dedicó a reunir pruebas suficientes para pedirle el divorcio a Eduardo. Y juró hacerlo de la peor manera.

     Volvemos al principio. Laura iba, más o menos, a mitad del pasillo, el escritorio de la rubia oxigenada quedaba exactamente a esa distancia pero Laura ni se percató de eso. Laura iba arrecha, a millón por ese pasillo para escupirle en la cara a Eduardo que era un perro, un idiota mal nacido y cobarde por haberla traicionado con la homínida campesina esa, que ni buen gusto para vestir tiene.  Faltando pocos pasos para llegar, la rubia se le atravesó a Laura.

       -¿A dónde vas tan apurada mijita?” Le dijo la rubia
       - Quítate antes de que me quede todo el oxigeno barato de tu tinte en la mano del coñazo que te voy a lanzar-  le gritó Laura casi al borde la histeria.
      - pero no deberías alterarte mami, el horóscopo dice que hoy nadie debe alterarse y que debemos agradecer lo que nos trae el universo y que eso es designio de los astros. Le dijo.
      - ¿El horóscopo no te ha dicho lo estúpida que eres?, quítate y dime dónde está Eduardo.
      - En la sala- le dijo la Rubia - pero no puedes pasar, solo debes pasar por una emergencia laboral o un accidente grave. 

     Laura prefirió no oír esa parte del balbuceo de la rubia y entró, cuando llegó todos se quedaron atónitos por la entrada de ella:  El jefe de departamento, el gerente de ventas, el secretario de residencia y el mismo presidente que no podían creer aquella escena.

-          ¿y a ti que te pasa Laura?- le preguntó Eduardo.
-          Nada chico, fíjate. Lo  que me falta es que en el horóscopo me salga que soy una cabrona de mierda-  le respondió. 

     Laura lanzó las pruebas en la mesa, Eduardo no podía creerlo e intentó explicarle a Laura todo, y a los demás también, pero Laura no lo dejó   se fue llorando, con rabia contenida en alma por todo aquello, pero antes de irse  le dijo:

-          Por cierto, si te quieres quejar vete a un planetario y quéjate con el universo,  sería el colmo que también me echaras la culpa por ser la güevona que fui contigo.  

15/6/11

Dejemos de pensar en Lady Gaga. (El por qué este año no voy a la marcha gay).


    Hace poco recibí una carta de alguien llamado J.C donde exponía sus motivos por el cual no iba  a participar en la marcha del orgullo gay. Esa carta está llena de una cruel realidad de la cual no podemos hacer caso omiso. Yo tampoco lo haré en estos momentos donde parece que la comunidad GLBT está siendo amenazada, no solo por una parte de la sociedad esclavizadas a sus miserias mentales de otro siglo, sino por la ceguera de nosotros mismos ante cosas que deberíamos tomar en cuenta.

    Soy gay desde que tengo uso de razón. Crecí percibiendo mi orientación como algo normal. No lo hacía por inocencia, lo hacía porque desde un principio supe que tenía que saber elegir mis amistades. No podía andar por ahí siendo amigo de cualquiera. Así como también sabia eso, comencé a ver más la realidad, a analizarla más desde el punto de vista cultural de Latino. Descubrí un día la famosa marcha del Orgullo Gay en Venezuela. Pero tristemente vivo en un país donde todo lo corrompe la mediocridad de la gente, donde culturalmente; gracias a la crianza, se nos ha enseñado a tener la mentalidad de la prehistoria. Cuando tuve un mínimo de edad aceptable, y cuando aprendí a salir solo, iba a la marcha gay. Lo hacía porque para mí representaba un día donde podíamos salir a gritarle al mundo que estábamos allí, entre los demás ciudadanos “normales”, (y pongo normales entre comillas porque  la mayoría de la gente prefiere tener un malandro en su casa que un homosexual.) no representaba nada más que eso; un día donde podíamos ser nosotros mismos. Esa era mi visión tierna y virginal de la realidad, hasta que crecí y el golpe me hizo pensar las cosas nuevamente.

    Ya tenía varios años sin ir a la marcha del orgullo gay, por cosas más personales, pero este año en especial estaba pensando en volver a ir; incluso lo tenía planeado. Pero sencillamente no puedo. No por motivos banales, sino porque soy un homosexual más de este país y me duele que la comunidad gay esté dejándose cegar por los juegos políticos de quienes tienen la visión retorcida acerca del país “libre de homofobia” que ellos quieren.  Este año no voy a la marcha gay porque simplemente no me da la gana de salir a hacer un espectáculo absurdo. No me da la gana de salir a gritarle mis plumas a la gente. Primero porque la sociedad de esta Venezuela se ha convertido en una campo hostil de convivencia. Segundo, porque ya es hora de dejar los escándalos con lentejuelas y las mariconerias de carajitos (y viejos lamentablemente)  que no tienen la capacidad de razonar que como comunidad debemos estar unidos y ser coherentes en los que decimos, exigimos y hacemos.

     Desde hace varios años la comunidad GLBT de Venezuela ha estado marchando, promulgando propuestas de leyes para que sean aceptados y movimientos para una cantidad de cosas y reconocimientos que, sencillamente, no tienen razón de ser.  Y no las tiene por dos cosas principales: primero quiero decirles que,  señores, la marcha gay en otros países se lleva a cabo para celebrar la victoria de esa lucha constitucional y moral que se ganó en equis o ye país. Aquí se usa para que toda loca vaya gritándole a la gente que quiere salir a Sabana Grande agarrado de la mano con su macho de turno sin que nadie le diga nada. Porque desgraciadamente muchos no saben llevar la intolerancia de otros.

     Tengo 23 años, y por experiencia sé que aun a estas alturas, y cuando más se habla de tolerancia, entre nosotros mismos existe la discriminación. Bastante he visto como los gays critican y denigran a los bisexuales, he visto como los transgeneros son vistos como prostitutas, como gente sin valor. Yo, muy consciente de mi postura, rechazo que en Venezuela exista el matrimonio gay. Al menos por ahora. No podemos exigir tolerancia si aun entre nosotros mismos nos atacamos como hienas al más mínimo rastro de competencia. Porque desgraciadamente el gay venezolano se mide por su fama, por su popularidad. Por ser el más bonito y el más loca de todos. (Hombres y mujeres por igual)

     La segunda razón, y a mi parecer la más importante, es porque no podemos salir a marchar, a pedir que se nos permita salir con nuestros novios y novias por la calle, cuando no pedimos como prioridad una ley que nos proteja, que castigue a los que  han matado transexuales, que castigue a los policías que abusan de quienes solo van un día a divertirse a una discoteca. No niego que siempre habrá quien dedique su vida a cosas que van en contra de nuestros ideales, pero también es cierto que no todos debemos pagar por ser todos del mismo grupo. No voy a ir este año a marchar porque sencillamente quiero que algún día, espero no muy lejano, alguien se atreva a levantar la voz, no para gritar obscenidades o mariconerias en plena calle, sino para llevar un mensaje que de verdad tome en cuenta lo que necesitamos en un país como Venezuela, en un país que en pleno siglo XXI sigue presentando crímenes homofóbicos.
     Tampoco podemos ignorar que aun vivimos en un país machista, en un país que te acepta por un cargo, por un papel, por una palanca y no por tu condición humana. Cuando nace un gay en Venezuela nace para sobrevivir;  para luchar y ganarse el honor de que la sociedad al ver un gay diga: “ahí va fulanito de tal, es tremendo doctor” o “ella es fulanita de tal, es arquitecta” y no “ahí va el doctor ese, que es marico”. Tristemente nuestra sociedad tiene como concepto que ser gay es ser una loca escandalosa que fuma quien sabe qué droga a las afueras de una discoteca en sabana grande.  Que si los hay, pero no somos todos.
    La comunidad gay de ahora debería marchar, entre otras cosas, por exigir que el cambio de sexo esté estipulado en la constitución nacional. Les aseguro que muy pocos saben que eso en la constitución de Venezuela no existe de una forma amparada legalmente por decretos oficiales. Los transgeneros de mi país tienen que luchar el doble que los demás de otras culturas. Sus mayores trofeos aquí serian una cedula con su identidad nueva y su victoria sobre sí mismos. El proceso para ser transgenero completamente dura aproximadamente cinco años. Ya que se comienza con una reformación psicológica, social, hormonal y legal.

    No puede ser posible que en pleno 2011, donde se supone somos una sociedad “civilizada y de mente abierta” sigan ocurriendo crímenes como los que han sucedido, con mayor frecuencia, en los últimos cinco años. No tengo como salir a marchar para exigir que me escuchen, cuando muchos de nosotros se han muertos en manos de aquellos que simplemente no les da la gana de entender que en la vida no todo es blanco y negro. Simplemente no puedo ir a una marcha que tiene como destino salir a gritar las mismas mariqueras que hemos venido gritando desde hace años.

     Ya es hora de abrir la boca para luchar y no para dejar al descubierto que seguimos con el mismo escándalo. Marchemos para decir cosas inteligentes, marchemos para que quienes sean los responsables de oírnos lo hagan con seriedad y nos garanticen un país que, al menos, nos proteja de trogloditas mediocres que creen que matando transexuales eliminaran la homosexualidad del mundo.  Ya basta de la caravana de disfraces, del derroche de plumas y lentejuelas. Pongámonos el traje de personas y hablemos por nosotros y por los que se fueron injustamente del mundo.  Es hora que dejemos de leer revistas de  farándula para leer noticias, avances en la sociedad mundial, leyes, vacios que constitucionalmente la comunidad GLBT no tiene en Venezuela. Y por favor, no se fijen en el matrimonio. Que los gays somos tan promiscuos que legalizar la unión seria legalizar la prostitución que bastante ha acabado con nosotros y les da motivos a la sociedad para despreciarnos cada día más.

     Por eso este año no iré a la marcha. Yo me quedare aquí, viendo como seguimos dando pasos al abismo.  Cuando nosotros, TODOS, seamos capaces de ver la realidad, la cruel realidad, en la que vivimos, ese día saldré a marchar por mis derechos, saldré a marchar para no tener miedo, para poder ir de la mano con mi novio o novia sin temor a represalias de policías y malanadros o animales con cédula. Ese día saldré a marchar para gritarle al mundo que ganamos, que logramos madurar y que no somos el grupito de amigas locas y machorras que se la pasan jodiendo, sino que somos los gays y lesbianas de un país donde se nos reconoce como parte de esta sociedad, y que como tal merecemos respeto. Nosotros también tenemos cosas que decir. Pero mientras estemos pendientes de las fotos, de la fama y de quien es el más bonito, lo único que lograremos es que cada vez la sociedad tenga más razón en despreciarnos. Y no sé ustedes, pero lo que soy yo, no pretendo darles motivos a los mamíferos machistas de esta sociedad para que hablen mal de mí. No dejemos que nuestras acciones grupales nos afecten de manera individual. Yo marcharé en Venezuela el día que tenga que sentirme orgulloso de mis derechos constitucionales, no para escuchar la gritadera de toda loca que anda perdida por la vida. Como si el mundo girara en torno él/ella. Es hora de no leer tanto la revista donde sale Lady Gaga para comenzar a leer  y pensar lo que podemos hacer para construir un país donde no tengamos que escondernos.